La Guajira es toda una mezcla de mundos, costumbres y estilos de vida. Por un lado está su capital, Riohacha, una ciudad costera colombiana promedio con un valor agregado: vive de la explotación del carbón y la sal. Pero decenas de años de corrupción y malos gobiernos han derrochado esta riqueza, por lo que los servicios públicos son precarios, no hay agua potable. El 38.8 por ciento de los hogares de la zona urbana tienen sus necesidades básicas insatisfechas.
Y por otro lado están las rancherías, algunas a solo media hora del casco urbano de Riohacha. Allí viven los indígenas wayúu. En las rancherías no hay alcantarillado ni agua potable. En algunas extraen agua a través de molinos construidos a mitad del siglo pasado. Y en otras, almacenan agua de lluvia que los niños toman.
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